Pautas para salir de la rutina

24
Ago

Pautas para salir de la rutina

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1. Identifica tu rutina

El primer paso para ser capaz de salir de la rutina es reconocer que esta existe, y ser capaz de identificarla. Si consideras que tienes una vida muy rutinaria deberías tener en cuenta qué es lo que haces en el día a día y qué se repite de forma continuada.

2. Valora qué hace de ella que sea desagradable

Una vez identificada la rutina que seguimos es necesario valorar qué de todo ello nos desagrada, nos produce rechazo o nos hace sentir estancados. Puede ser útil hacer un autorregistro o un horario de nuestro día a día en que valoremos además qué nos hace sentir cada actuación.

3. Plantéate qué cambios quieres

¿Qué quiero conseguir?, ¿Qué tan alejado estoy de ello?, ¿Qué puedo hacer para acercarme? Estas tres preguntas son fundamentales. Se trata de plantearse qué es lo que se quiere y qué aspectos de la rutina nos acercan y cuales nos alejan. También hay que valorar que estamos dispuestos a hacer para cambiar.

4. Come y duerme adecuadamente

La alimentación y el sueño son algunos de los elementos que menos se suelen tener en cuenta y que sin embargo son de los que más importancia tienen a la hora de explicar nuestro bienestar. Ello también influye en la percepción de la vida como rutinaria. Es importante que el comer y el dormir sean actos en que estemos centrados en lo que hacemos y que lo hagamos bien: dormir suficientemente y comer de manera equilibrada es imprescindible para mantener nuestra salud tanto física como mental.

5. Separa espacios

Una de las cosas que puede hacer que veamos nuestro día a día como rutinario es el hecho de que lo hacemos todo en cualquier momento y lugar. No es infrecuente que espacios y acciones se entremezclen, siendo dificil separar los distintos momentos y resultando sencillo que aparezca una sensación de continuidad de la que nos cuesta desconectar. Debemos separar espacios y momentos, teniendo cada cosa su momento y su lugar y generando una ruptura entre las distintas tareas: no trabajes estirado en la cama o en el mismo sitio donde comas.

6. Ponte nuevas metas

Quizás una de las formas más importantes y que mayor cambio puede llegar a generar es la idea de formarse una meta u objetivo, algo en lo que podamos centrarnos y que nos resulte altamente motivador.

Dichas metas pueden ser prácticamente cualquier cosa, pero la cuestión es que sean algo alejado de nuestra actividad cotidiana. Por ejemplo, aprender a tocar un instrumento, hablar un idioma, estudiar una carrera, bajar de peso, hacer un viaje o voluntariado o realizar deporte pueden ser metas algo distintas de lo habitual. Eso sí, tienen que ser metas realistas.

7. Genera pequeños pasos intermedios para llegar a la nueva meta

Nuestras metas originales pueden ser complejas de llevar a cabo si el objetivo es muy ambicioso. Sin embargo ello no quiere decir que no debamos intentarlo. Deberemos establecer pequeñas metas intermedias que nos permitan acercarnos poco a poco al objetivo final, siendo estas metas también algo estimulante por sí mismas.

8. Comprométete y persevera con el cambio

Está muy bien hacer planes, pero de nada sirven si no existe un compromiso firme a llevarlos a cabo. Tenemos que tener en cuenta que pueden aparecer dificultades y obstáculos, pero deberemos ser capaces de ser resolutivos y afrontar que un cambio requiere un esfuerzo.

Una cosa está clara: en la mayor parte de las situaciones los cambios no se van a producir espontáneamente sino que exigen de implicación y de esfuerzo por parte de uno mismo.

9. Cambia estímulos de tu entorno

Además de los anteriores cambios, puede ser de utilidad intentar modificar pequeños aspectos de tu entorno. Introduce elementos nuevos en tu oficina, redecora tu casa, cámbiate de ropa entre el trabajo y tus momentos de ocio o ponte música que te active o te relaje (dependiendo de tus necesidades).

10. Conoce a gente

Conocer gente nueva nos va a empujar a ver nuevas perspectivas vitales, a aprender de los demás y a darnos a nosotros mismos. Es importante compartir.

11. Ponte en contacto con la naturaleza

La mayoría de personas que vive en una ciudad tiene poco o ninguno contacto con la naturaleza. Y lo cierto es que dicho contacto se ha mostrado beneficioso para una gran cantidad de afecciones tales como el estrés, la depresión o la ansiedad. Ir de vez en cuando a hacer escapadas en parajes naturales puede ayudarnos a soportar mejor la rutina habitual y puede generar cambios.

12. Haz deporte

El deporte siempre es algo positivo de cara a reducir el nivel de estrés y aumentar las endorfinas, además de ser una de las posibles modificaciones en nuestro día a día (si no lo hacíamos anteriormente) que puede generarnos un gran cambio. Eso sí, es importante que no represente una nueva rutina, sino un reto o desafío que realmente queramos llevar a cabo (si bien al principio probablemente sea necesario forzarse un poco).

13. Permítete improvisar

Uno de los grandes problemas de la rutina es, precisamente, que resulta tremendamente predecible. De este modo, debemos dejar un espacio a la improvisación en nuestras vidas: está bien que dejemos un cierto tiempo sin planificar, en el que poder hacer aquello que nos apetezca en el momento o que surja.

14. Sal de tu zona de confort: explora nuevas posibilidades

Algo fundamental si queremos romper con la rutina es el hecho de dejar de lado nuestra zona de confort. Es importante atreverse a experimentar cosas nuevas, aunque no sepamos si van a gustarnos o no. Tal vez baste con explorar un barrio nuevo de tu ciudad, un tipo de actividad que nunca te habías planteado probar o visitar otras culturas y países. Y muy importante: haz algo que quieras hacer aunque te de miedo.

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